Hotel con prostitutas putas muy buenas

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La recepcionista tuerce el gesto. Tiene que revisar los libros para ver si le queda algo. Los apoya sobre el teclado de un ordenador apagado. Ella también se ríe, aunque todavía no entiendo por qué. Nos da la ; es una llave pequeña, como de candado de gimnasio, y lleva la tarjeta de la luz colgando. Por la ventana vemos cómo llueve sobre las cocheras de la EMT, pero dentro del hotel es Benidorm durante el verano del Levanta las cejas, sonríe y nos pide que entremos, que se ha equivocado de piso.

También los de la segunda y la tercera. Cuesta creer que todas estas habitaciones, unas 30 por piso, en total, estén repletas de melómanos a dos horas de un gran concierto. Una vez, en Badalona, vi al matrimonio propietario de mi hostal huir calle abajo antes de una actuación de The Killers. Dejaron un cartel a sus 50 inquilinos: Los Mossos la llamaron antes del concierto; después se personaron en el hostal y casi se llevan a tres inquilinos franceses detenidos por lanzar botellas de cristal a un patio interior.

De vuelta al hotel, al ver la habitación los 70 euros nos parecen muchos. Las camas son rígidas, como si no estuviesen pensadas para dormir, en la nevera solo hay una botella de agua del tiempo y las almohadas apestan a limpiador industrial.

Teníamos también unos comentarios sobre el baño, pero no nos dejan emitirlos en este horario. Y por la ventana, en ladrillo visto, un pasillo del complejo con preciosas vistas a un cajero del Banco Popular. Cierro la ventana y por un momento quedamos en silencio. Trabajaba como empleada doméstica en Tuxtla Gutiérrez de seis de la mañana a cuatro de la tarde, por lo que ganaba pesos semanales. A su padrote lo conoció en su día de descanso en el parque. Así comenzó su noviazgo y a los pocos días la invitó al cuarto que rentaba.

Después se la llevó a Tenancingo, Tlaxcala, donde conoció a su nueva familia. Una familia de prosapia en la profesión: Entré con Jessi, quien no dejaba de mensajear por WhatsApp. Es lo que muchas hacen, teclean incesantemente su celular, mientras informan: Cuando entramos al hotel alcancé a ver la foto del fondo de pantalla de su celular.

Lo afirmó en tono efusivo y agregó: Y me mostró las fotos de Kevin, de cinco años de edad. En esa ciudad conoció a su padrote, quien le prometió casamiento pero en cambio la llevó a San Luis Potosí donde la obligó a prostituirse. Un año después de irse con su padrote, Jessi resultó embarazada y a los seis meses del nacimiento de Kevin, su padrote se lo quitó y lo dejó al cuidado de sus abuelos paternos.

Jessi y su proxeneta mantuvieron su peregrinar por las zonas rojas de provincia. Por dos años vio crecer a su hijo casi exclusivamente por fotografías y videos que su padrote le llevaba o publicaba en Facebook.

Pero se ganó la confianza del padre de su hijo en un operativo de la policía en Puebla. Ha escrito tres libros sobre el tema, incluido uno que lleva por título "Ninguna mujer nace para puta". BBC Mundo habló con ella. Lo creo firmemente, estoy convencida de ello.

Ninguna mujer nace para puta. Nos hacen, nos convierten en putas. Nos hacen putas, nos convierten en putas". Para poder sobrevivir a todo lo que pasé, mi mente ha llevado a cabo un proceso de adormecimiento. Hay cosas que recién empiezo a recordar. No sé cómo escapé del prostíbulo de Argentina dónde me prostituían, de verdad que no lo sé. Supongo que me atreví a decir "no".

Hasta que un día un prostituidor me dio una terrible paliza. El conserje de un hotel me ayudó, llamó a la policía. Y no se lo va a creer: Porque a quién le importa una puta. Pero las mujeres que ejercen la prostitución necesitan contarse esa mentira. Necesitan decirse que son ellas las que eligen, las que ponen el precio, las que son libres de entrar o salir cuando les apetece…. Y se lo dicen para no sentir dolor, para negar la tortura de la que son víctimas.

hotel con prostitutas putas muy buenas Trabajaba como empleada doméstica en Tuxtla Gutiérrez de seis de la mañana a cuatro de la tarde, por lo que ganaba pesos semanales. Segregación racial en Brasil: Y por la ventana, en ladrillo visto, un pasillo del complejo con preciosas vistas a un cajero del Banco Popular. Para poder sobrevivir a todo lo que pasé, mi mente ha llevado a cabo un proceso de adormecimiento. Es una puertecita pequeña enfrente de la recepción, sin ventanas ni adornos; por los flujos de personas se intuye que es el epicentro del complejo.

El complejo es el paraíso del camionero. Hace rato que sabemos qué vamos a encontrar en la whisquería, pero entramos igualmente por puro compromiso con la información y, también, para comprobar si esas cosas que nos contaron siempre amigos de amigos son ciertas.

Cierro la puerta y empiezo a contar. Al menos hay 50 clientes y otras tantas prostitutas. Parece el lugar que escogería Granados para cerrar un acuerdo. Basta con una mirada para seducir a cualquiera. Después cliente y trabajadora se retiran a una esquina; él se bebe la copa, ella le mete la mano en la bragueta como si fuese parte de la conversación. Curiosamente estos dos sectores, camioneros y prostitutas, comparten un conocimiento por encima de la media sobre la situación geopolítica de los países de Europa del Este.

Por esa puerta se accede al montacargas que, gracias a las puertas de emergencia, separa las zonas civil y militarizada del hotel. Casi todos los clientes que han ido entrando por la puertecita nunca salieron. Las chicas sí han ido regresando al bar, de modo que Pablo y yo estamos casi solos ante la jauría humana. De repente nuestro desinterés, forjado a base de driblar miradas, deja de surtir efecto y dos chicas vienen a por nosotros. Cada una coge a uno del brazo y lo aleja del otro; el método que usaba la Gestapo para interrogar sigue funcionando en escenarios underground.

Informativamente la oferta tiene sentido, pero la rechazo al no verme capaz de pasarle este gasto al periódico. La joven moldava, como nosotros, tiene que pagar la habitación a 70 euros, de forma que necesita al menos un cliente por noche para entrar en beneficios. Esta noche lleva tres y sostiene que si un día se quedase sin ellos se retiraría a plantar lechugas. Felipe es un viejo conocido en la whisquería. Después se la llevó a Tenancingo, Tlaxcala, donde conoció a su nueva familia.

Una familia de prosapia en la profesión: Entré con Jessi, quien no dejaba de mensajear por WhatsApp. Es lo que muchas hacen, teclean incesantemente su celular, mientras informan: Cuando entramos al hotel alcancé a ver la foto del fondo de pantalla de su celular.

Lo afirmó en tono efusivo y agregó: Y me mostró las fotos de Kevin, de cinco años de edad. En esa ciudad conoció a su padrote, quien le prometió casamiento pero en cambio la llevó a San Luis Potosí donde la obligó a prostituirse. Un año después de irse con su padrote, Jessi resultó embarazada y a los seis meses del nacimiento de Kevin, su padrote se lo quitó y lo dejó al cuidado de sus abuelos paternos.

Jessi y su proxeneta mantuvieron su peregrinar por las zonas rojas de provincia. Por dos años vio crecer a su hijo casi exclusivamente por fotografías y videos que su padrote le llevaba o publicaba en Facebook. Pero se ganó la confianza del padre de su hijo en un operativo de la policía en Puebla.

Al notarla tan en confianza le pregunto: Hay mujeres que te derrotan apenas las miras y con Rebeca sucedió: Pero nada de grabarme, advirtió. Ninguna mujer nace para puta. Nos hacen, nos convierten en putas. Nos hacen putas, nos convierten en putas". Para poder sobrevivir a todo lo que pasé, mi mente ha llevado a cabo un proceso de adormecimiento. Hay cosas que recién empiezo a recordar. No sé cómo escapé del prostíbulo de Argentina dónde me prostituían, de verdad que no lo sé. Supongo que me atreví a decir "no".

Hasta que un día un prostituidor me dio una terrible paliza. El conserje de un hotel me ayudó, llamó a la policía. Y no se lo va a creer: Porque a quién le importa una puta. Pero las mujeres que ejercen la prostitución necesitan contarse esa mentira. Necesitan decirse que son ellas las que eligen, las que ponen el precio, las que son libres de entrar o salir cuando les apetece…. Y se lo dicen para no sentir dolor, para negar la tortura de la que son víctimas. Yo también me sostenía diciéndome a mí misma que era una trabajadora sexual.

Y me di cuenta de que yo no vendía nada, porque nada era mío. Aun después de muerta te siguen explotando.

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